sábado, 18 de febrero de 2017

cuentos juan y estiven

EL SECRETO DEL ABUELO | Cuentos de fantasía infantiles


Esta historia comienza en una gran ciudad llena de casas y tiendas donde vivían Miguel y su padre.Un día, el papá de Miguel le dijo que tenía que marcharse una temporada a un lejano país por motivos de trabajo.
  • Hijo,no tengo más remedio que llevarte a Bosqueflorido con el abuelo Nicolás -le dijo al niño.
  • No me apetece dejar mi casa -pensó Miguel- ¿Con quién jugaré en el campo? ¡Con el abuelo no, seguro, porque anda tan lento como un caracol!.
  • No exageres, te lo pasaras bien con él, además dicen que Bosqueflorido está encantado -le dijo su papá-, pero nadie ha descubierto su secreto.
  • ¿Un secreto en el bosque? -bostezó Miguel-¡Bah, tonterías!
Al día siguiente Miguel y su papá partieron hacía el pueblo, llegando a media tarde donde su abuelo les recibió con una gran sonrisa al saber que su nietecito iba a quedarse una temporada con él. Sin embargo Miguel no sonreía. Pensaba con nostalgia en las luces y en las tiendas de su ciudad.Lleno de tristeza, Miguel abrazó a su papá y se despidió de él.
Los días pasaban. El abuelo era muy bueno, pero Miguel se sentía cada vez más infeliz. Mientras el abuelo le contaba siempre las mismas historias sobre los animales del bosque, Miguel pensaba en sus amigos de la ciudad, que estarían jugando a la pelota sin él.
Una tarde, cuando estaba asomado a la ventana, Miguel vio pasar una nube de mariposas de colores.¡Quizás pueda jugar con ellas!, pensó. Y salió corriendo de la casa para seguir a aquellas criaturas que volaban libres, brillando al sol. En lo más espeso del bosque, las mariposas se alejaron en todas direcciones. Entonces Miguel se dio cuenta de que estaba muy lejos de casa, en el bosque desconocido.
  • Mariposas, maripositas, ¿cómo puedo volver a casa? -empezó a gritar Miguel.
  • No lo sabemos, ¡hemos nacido hace tres días! -respondieron las mariposas.
Miguel se quedó solo en medio de un gran silencio.
  • ¿Podríais indicarme el camino para salir del bosque? -le preguntó a un puercoespín.
  • No, soy demasiado pequeño para saberlo. Tal vez mi mamá pueda ayudarte.
Pero la mamá puercoespín no conocía el camino para volver a casa del abuelo.Sin embargo, le indicó cómo llegar a la casa de un búho muy viejo y sabio que podría ayudarle. El sol se había escondido y el bosque empezaba a llenarse de mil ruidos desconocidos, pero Miguel se armó de valor y emprendió la búsqueda del viejo búho.Caminando, caminando, llegó a la vieja encina donde el viejo búho dormitaba.
  • ¿Quién molesta mi sueño? -preguntó el búho cuando oyó llegar a Miguel; después abrió sus grandes ojos amarillos y se sacudió las plumas.
  • Perdona, me he perdido y ahora no sé cuál es el camino para salir del bosque. -Respondió Miguel.
  • Uhm, han pasado muchos años por mis plumas, pero no los suficientes para conocer todos los senderos del bosque. Sólo la tortuga más vieja de Bosqueflorido conoce todos los caminos… Tendrás que buscarla tú mismo, porque nadie sabe dónde está.
Dicho esto, el búho cerró los ojos y volvió a dormirse.Ya era de noche y Miguel se sentía cada vez más solo y más triste. Comenzó a pensar en todos los secretos de Bosqueflorido que su abuelo le había contado mientras él pensaba en otra cosa.Pero no recordaba nada y, además, empezaba a tener un poco de miedo. Desconsolado, se sentó sobre una gran piedra y se puso a llorar.
  • ¿Quién está mojando mi concha? -Susurró una voz cansada.
Sorprendido, Miguel dio un salto, miró a su alrededor y se dio cuenta de que se había sentado precisamente en la concha de una enorme tortuga.Era tan vieja y tenía tantas arrugas que Miguel supo que había encontrado la que buscaba.Entonces se tragó sus lágrimas y le contó toda su historia.La tortuga le escuchó en silencio y luego le dijo:
  • Como creo que ya te has dado cuenta de que el bosque no es un lugar para jugar, monta sobre mi espalda y trataré de llevarte al sendero correcto.
Agarrado a la dura concha de la vieja tortuga, Miguel se sentía seguro en la oscuridad de la noche. Al llegar a cierto lugar, la tortuga se detuvo.
  • Puedes bajar, -dijo- el bosque termina aquí.
  • Pero ¿cómo encontraré mi casa? -preguntó Miguel asustado.
  • Hay un hombre más viejo y más sabio que yo, que conoce todos los caminos, dentro y fuera de Bosqueflorido. Búscale.

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El gato con botas
los Hermanos Grimm
Érase una vez un molinero que tenía tres hijos. El hombre era muy pobre y casi no tenía bienes para dejarles en herencia. Al hijo mayor le legó su viejo molino, al mediano un asno y al pequeño, un gato.
El menor de los chicos se lamentaba ante sus hermanos por lo poco que le había correspondido.
– Vosotros habéis tenido más suerte que yo. El molino muele trigo para hacer panes y tortas y el asno ayuda en las faenas del campo, pero ¿qué puedo hacer yo con un simple gato?
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El gato escuchó las quejas de su nuevo amo y acercándose a él le dijo:
– No te equivoques conmigo. Creo que puedo serte más útil de lo que piensas y muy pronto te lo demostraré. Dame una bolsa, un abrigo elegante y unas botas de mi talla,  que yo me encargo de todo.
El joven le regaló lo que le pedía porque al fin y al cabo no era mucho y el gato puso en marcha su plan. Como todo minino que se precie, era muy hábil cazando y no le costó mucho esfuerzo atrapar un par de conejos que metió en el saquito. El abrigo nuevo y las botas de terciopelo le proporcionaban un porte distinguido, así que muy seguro de sí mismo se dirigió al palacio real y consiguió ser recibido por el rey.
– Majestad, mi amo el Marqués de Carabás le envía estos conejos – mintió el gato.
– ¡Oh, muchas gracias! – respondió el monarca – Dile a tu dueño que le agradezco mucho este obsequio.
El gato regresó a casa satisfecho y partir de entonces, cada semana acudió al palacio a entregarle presentes al rey de parte del supuesto Marqués de Carabás. Le llevaba un saco de patatas, unas suculentas perdices, flores para embellecer los lujosos salones reales… El rey se sentía halagado con tantas atenciones e intrigado por saber quién era ese Marqués de Carabás que tantos regalos le enviaba mediante su espabilado gato.
Un día, estando el gato con su amo en el bosque, vio que la carroza real pasaba por el camino que bordeaba el río.
– ¡Rápido, rápido! – le dijo el gato al joven – ¡Quítate la ropa, tírate al agua y finge que no sabes nadar y te estás ahogando!
El hijo del molinero no entendía nada pero pensó que no tenía nada que perder y se lanzó al río ¡El agua estaba helada! Mientras tanto, el astuto gato escondió las prendas del chico y cuando la carroza estuvo lo suficientemente cerca, comenzó a gritar.
– ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Mi amo el Marqués de Carabás no sabe nadar! ¡Ayúdenme!
El rey mandó parar al cochero y sus criados rescataron al muchacho ¡Era lo menos que podía hacer por ese hombre tan detallista que le había colmado de regalos!
Cuando estuvo a salvo, el gato mintió de nuevo.
– ¡Sus ropas no están! ¡Con toda esta confusión han debido de robarlas unos ladrones!
– No te preocupes – dijo el rey al gato – Le cubriremos con una manta para que no pase frío y ahora mismo envío a mis criados a por ropa digna de un caballero como él.
Dicho y hecho. Los criados le trajeron elegantes prendas de seda y unos cómodos zapatos de piel que al hijo del molinero le hicieron sentirse como un verdadero señor. El gato, con voz pomposa, habló con seguridad una vez más.
– Mi amo y yo quisiéramos agradecerles todo lo que acaban de hacer por nosotros. Por favor, vengan a conocer nuestras tierras y nuestro hogar.
– Será un placer. Mi hija nos acompañará – afirmó el rey señalando a una preciosa muchacha que asomaba su cabeza de rubia cabellera por la ventana de la carroza.
El falso Marqués de Carabás se giró para mirarla. Como era de esperar, se quedó prendado de ella en cuanto la vio, clavando su mirada sobre sus bellos ojos verdes. La joven, ruborizada,  le correspondió con una dulce sonrisa que mostraba unos dientes  tan blancos como perlas marinas.
– Si le parece bien, mi amo irá con ustedes en el carruaje. Mientras, yo me adelantaré para comprobar que todo esté en orden en nuestras propiedades.
El amo subió a la carroza de manera obediente, dejándose llevar por la inventiva del gato. Mientras, éste echó a correr y llegó a unas ricas y extensas tierras que evidentemente no eran de su dueño, sino de un ogro que vivía en la comarca. Por allí se encontró a unos cuantos campesinos que labraban la tierra. Con cara seria y gesto autoritario les dijo:
– Cuando veáis al rey tenéis que decirle que estos terrenos son del Marqués de Carabás ¿entendido? A cambio os daré una recompensa.
Los campesinos aceptaron y cuando pasó el rey por allí y les preguntó a quién pertenecían esos campos tan bien cuidados, le dijeron que eran de su buen amo el Marqués de Carabás.
El gato, mientras tanto, ya había llegado al castillo. Tenía que conseguir que el ogro desapareciera para que su amo pudiera quedarse como dueño y señor de todo. Llamó a la puerta y se presentó como un viajero de paso que venía a presentarle sus respetos. Se sorprendió de que, a pesar de ser un ogro, tuviera un castillo tan elegante.
– Señor ogro – le dijo el gato – Es conocido en todo el reino que usted tiene poderes. Me han contado que posee la habilidad de convertirse en lo que quiera.
– Has oído bien – contestó el gigante – Ahora verás de lo que soy capaz.
Y como por arte de magia, el ogro se convirtió en un león. El gato se hizo el sorprendido y aplaudió para halagarle.
– ¡Increíble! ¡Nunca había visto nada igual! Me pregunto si es capaz de convertirse usted en un animal pequeño, por ejemplo, un ratoncito.
– ¿Acaso dudas de mis poderes? ¡Observa con atención! – Y el ogro, orgulloso de mostrarle todo lo que podía hacer, se transformó en un ratón.
¡Sí! ¡Lo había conseguido! El ogro ya era una presa fácil para él. De un salto se abalanzó sobre el animalillo y se lo zampó sin que al pobre le diera tiempo ni a pestañear.
Como había planeado, ya no había ogro y el castillo se había quedado sin dueño, así que cuando llamaron a la puerta, el gato salió a recibir a su amo, al rey y a la princesa.
– Sea bienvenido a su casa, señor Marqués de Carabás. Es un honor para nosotros tener aquí a su alteza y a su hermosa hija. Pasen al salón de invitados. La cena está servida – exclamó solemnemente el gato al tiempo que hacía una reverencia.
Todos entraron y disfrutaron de una maravillosa velada a la luz de las velas. Al término, el rey, impresionado por lo educado que era el Marqués de Carabás y deslumbrado por todas sus riquezas y posesiones,  dio su consentimiento para que se casara con la princesa.
Y así es como termina la historia del hijo del molinero, que alcanzó la dicha más completa  gracias a un simple pero ingenioso gato que en herencia le dejó su padre.